miércoles, 16 de septiembre de 2015

El tesoro de Los Nibelungos

He aquí otra de las películas de culto que tanto me gustan. Una de esas películas que me apasiona mirar (y escuchar) una y otra vez. Mi traficante cinematográfico del barrio no las tiene todas, pero esta es una de las que sí tiene.

Los cantares de gesta tienen ese encanto hipnótico: son historias tan antiguas que se confunden con la fantasía de los que los narraban, incluyendo variantes, pasajes turbios, elementos mágicos que pudieron tener su explicación. Son historias de héroes (y también de heroínas, como veremos) que retratan de una forma única el sentir de una nación en algún punto más o menos determinado de su historia y revela sus costumbres así como su mentalidad. Personalmente, pienso que su encanto radica en esa percepción mágica de la realidad, en el placer de degustar cómo lo imposible se mezcla con lo real y de esa mixtura nace la leyenda.

La leyenda de los nibelungos reza más o menos así: Sigfrido, hijo del rey Sigmund consigue el tesoro de los nibelungos tras matar a su rey y reducir a esclavos a su pueblo, los nibelungos. Parte a Worms ilusionado con casarse con la bella Krimilda. Es así como, ayudando al rey Gunter a conseguir la mano de Brunilda por artes mágicas, obtiene a cambio la mano de Krimilda, su hermana. La historia sigue, pero por consideración a aquellos que no la conocen y que aún no han visto la película nos vamos a guardar bien de seguir contándola. Sin embargo, pese a lo que ocurre en otros cantares de gesta, las mujeres de esta historia tienen un gran peso en el transcurso de los hechos, incluso podríamos decir que cada a una a su manera es una heroína y son emblemas de un valor y fuerza. Incluso la tímida Krimilda que no parece tener un carácter muy formado al principio, termina brillando al final gracias al poder del amor que profesa hacia Sigfrido, incluso en la muerte.

El film dirigido por Fritz Lang, Die Nibelungen (1924), son en realidad dos películas: La muerte de Sigfrido y La venganza de Krimilda. La adaptación cinematográfica del cantar fue escrita por la escritora y guionista de cine Thea von Harbou, esposa de Lang por esos años, quien además escribió el guion de Fausto, película de la que hablaremos en su momento.

 La carrera cinematográfica de Lang no es breve y podemos distinguir dos etapas claramente diferenciadas:el expresionismo alemán, con exponentes de gran calidad como Metrópolis y Dr. Mabuse y el cine negro estadounidense, no menos aventajado: Sólo se vive una vez (1937) o Perversidad (1945), entre otras. No debemos perder de vista a este genio del cine de todos los tiempos, y hablaremos de él y de sus obras cinematográficas en otras entradas.

Otra de las joyas de este film es la música a cargo de Gottfried Huppertz quien también sonorizó la otra obra maestra de Lang, Metrópolis. La música no sólo se adapta a cada escena de la película, sino que, como no podía ser de otro modo, es emocionante. Sinceramente, creo que tiene un valor muy grande la composición de Huppertz, aunque a lo mejor no tiene actualmente la atención que merece. Supongo que esto se deriva de que la música es un lenguaje muy distinto al de las palabras y que explicarlo requiere una destreza y una sensibilidad que pocos poseen.
 
 
 
Y para terminar y no por eso menos importante, la fotografía y escenografía son excelentes, muy del tipo expresionista de aquellos años, siendo los castillos austeras moles de piedra gris con bellísimas decoraciones pintadas. El vestuario es increíble: túnicas de anchas mangas con figuras geométricas, grandes contrastes y peinados representativos. Tal vez el hecho de que la veamos en blanco y negro lo embellece más, quién sabe, porque no la corrompe la vulgar divergencia del color.
 
Aunque detecto con facilidad los puntos negativos de todas las cosas (de hecho es siempre lo primero que detecto) este defecto tiene un beneficio muy claro: cuando un producto cultural no tiene algo especialmente malo que me llame la atención, y el resto de elementos que lo conforman se destacan por su brillantez, mi admiración es total y su encantos llegan a mí como un hechizo sublime. Los personajes, sus expresiones faciales, los colores, el tinte de la película, la música...en fin, el conjunto ha conquistado mi corazón e intuyo que será para siempre. 
 
Os invito a todos a que, como yo, os dejéis enamorar por esta historia, por estos personajes que de la mano de sus intérpretes reviven cada vez que la visionamos y por el resto de elementos cinematográficos que hacen de Die Nibelungen una de las películas mudas más hermosas de la historia del cine.
 
 

lunes, 7 de septiembre de 2015

El séptimo sello "Det sjunde inseglet''


¿Qué número es esta vez? ¿diez, quince, veinte?
 
Ya he perdido la cuenta de las noches que me asaltó el deseo irrefrenable de ver a Antonius Block y a su escudero Jöns cabalgando por la primitiva Suecia del siglo XIV. Como ya habréis adivinado seguramente, me estoy refiriendo a la película "El séptimo sello" de Ingmar Bergman, una de mis predilectas por su temática y por su reparto, en especial: Max von Sydow, (Antonius Block), Bibi Andersson (Mía), Gunnar Björnstrand (escudero), Bengkt Ekerot (Muerte) y Nils Poppe (Jof).  A consecuencia de estas elementos, así como por la magistral dirección de Bergman y su excepcional guion (escrito por él mismo y basado en el texto inicial Pintura sobre tabla) y a pesar de los contratiempos que tuvo que afrontar (escaso presupuesto y una limitación exagerada de tiempo) fue galardonada en el Festival de Cannes de 1957. 

"El cielo se quedó en silencio media hora después de que el cordero abriese el séptimo sello". Y es que el séptimo es el que cierra el preámbulo del Fin.
 
Cuando aparece la Muerte hay silencio: hasta el mar se apaga. Su presencia acalla todos los sonidos que existen en este mundo en el que ella rige poderosa y reina sobre los seres vivientes. Antonious cree que puede jugar con la Muerte. Le teme, pero prefiere hacer frente a ese temor para salvaguardar su vida unos días más. Juega al ajedrez con la Muerte al lado del mar (una alegoría doble), al aire libre. Mientras resista, la Muerte lo perdonará. Cuando pierda tendrá que marcharse con ella.

Antonius Block es un cruzado. Luego de una década luchando para la gloria de Dios, regresa a su ciudad natal y contempla con horror que su lucha no ha servido para nada; no solo no ha glorificado a su dios, sino que además este parece estar enojado con la especie humana: ha derramado una peste implacable que se ceba indiscriminadamente con sus súbditos terrenales.

De camino a la posada Antonius y Jöns se cruzan con un muerto: este es el primer condenado por la peste que avistan los cruzados en su regreso al pueblo, pero le seguirán otros.

En una caravana reposan tranquilamente unos juglares. Esta compañía itinerante actúa según los encargos de la Iglesia: las fiestas devotas están a la orden del día, el miedo al castigo divino y a la muerte predisponen a los pueblerinos a ese tipo de ocio. Los artistas medievales constituyen la contrapartida a la visión negra y pesimista del medioevo: su arte y su forma de vida sencilla sin fanatismos los salvarán de una muerte segura. Uno de ellos se despierta temprano, antes que los demás y sale de la caravana. Mientras practica malabarismos tiene una visión celestial: ve a la Virgen María con el niño Jesús. Los sonidos de la Tierra desaparecen también ante la majestuosidad de las visiones sobrenaturales de Jof. La alusión es clara: los seres sobrenaturales que habitan otros planos de existencia no pueden ser percibidos por los sentidos convencionales. Ni siquiera su visión es una visión típica, está envuelta en los velos del silencio y en colores extraordinarios.

En los muros de la iglesia, Albertus Pictor retrata la muerte y los males de la peste: apestados y penitentes que se azotan a sí mismos para aplcar la ira de Dios. Antonius reza delante de una imagen de Jesús crucificado hasta que ve lo que cree que es un cura. Grande es su sorpresa cuando descubre que detrás de la capucha oscura se encuentra la Muerte, quien ha prometido llevárselo en cuanto acaben la partida de ajedrez.

"El vacío es como un espejo delante de mi rostro".


Dios no habla, tal vez no haya nada más allá de la muerte. Block, como no es de extrañar, se arrepiente de su vida, y quiere hacer algo grande para conseguir la paz antes de la muerte, pero el tiempo apremia. ¿Podrá hacer su buena acción antes de exhalar su último aliento?

Las supersticiones están a la orden del día. La peste se combate con la quema de brujas a quienes se las culpa de todo lo que acontece. El miedo es tan grande que cualquier chivo expiatorio sirve, no existe la compasión, ni la misericordia. Los ladrones roban a los muertos, violan a las mujeres, poco importa que antes hubiesen dedicado sus días a asuntos más piadosos.

En un mundo dominado por el terror, la humanidad brilla por su ausencia. El miedo al juicio final es atroz y la incultura está en alza. Las supersticiones religiosas no ayudan.

En contraposición a los cantares de los penitentes que recorren sin descanso las villas, aullando y flagelándose, las cancioncillas del escudero Jöns y la música del laúd de Jof amenizan el oscurantismo que prima en ese siglo: otra vez, la música nos salva; el arte en sus diversas formas nos da un respiro, alegra nuestros sentidos, nos libera de la carga de ser humanos, nos acerca a los dioses. Los juglares se dedican a entretener a los pueblerinos cantando y representando ante ellos a pesar de sus pocas luces.

Aunque nadie puede escapar a la implacable Muerte, la esperanza no debe perderse: es un destino que nos persigue a todos, pero al que podemos combatir, al que podemos resistirnos, por lo menos de momento aunque al final hasta el mejor ajedrecista sucumbe ante ella. O ante Él.
 
 
Y siempre, el mismo fin, irreversible y rotundo, para todo, para todos.
 
Sí, para ti también.

viernes, 14 de agosto de 2015

No hay rosa inmarcesible para Álain

"Me suicido porque no me quisisteis, porque no os quise. Me suicido porque nuestras relaciones fueron cobardes para estrecharlas. Dejaré sobre vosotros una mancha indeleble."

"El fuego fatuo" (Le feu follet, 1963) es una bellísima obra del cineasta francés Louis Malle. Esta historia está basada en un relato homónimo del escritor y ensayista Drieu de la Rochelle. El existencialismo de Camus la acompaña en su devenir. La vista se ve regocijada en cada plano y el oído enmudece cualquier vestigio de ruido exterior para reverenciar los solos de Satie en las escenas sin diálogo y puramente descriptivas.


Escribir sobre esta pieza no es fácil. Me enfrento a la hoja en blanco como me enfrento al silencio. Las palabras surgen torpemente, me obligo a mí misma a hablar de algo hermoso. Hablar de lo que más sentimos es lo más difícil. Por eso, llevo varios días mirando la hoja en blanco, haciendo pequeñas anotaciones en distintas libretas, en hojas sueltas, en anotadores...cualquier sitio es bueno. La cabeza me da vueltas de tanto pensar: vuelvo a ver la película en varias ocasiones, siempre exacerba mis sentimientos, aunque cada vez con más fuerza. Todo en ella me resulta hermoso, quieto y tranquilo como si fuese perfecto. Las imágenes monocromáticas apaciguan mis sentidos. Las escenas filmadas tanto en exteriores como en interiores equilibran las fuerzas ocultas de la trama. La música se desgaja despacio y siempre sorprende, como si sospechara de nosotros.

La tristeza se estaciona en el corazón de Álain, me uno a él en un abrazo cómplice. Él sabe que el día de mañana será igual al de hoy. Al fin ha podido superar su asqueroso vicio: temo por él, tengo lástima, no quiero perderlo. Pero él insiste en seguir llevando el traje gris como bandera, es su estandarte ahora y lo define, como el mismo hastío. Ha decidido despedirse de todos nosotros y como somos muy egoístas no lo queremos comprender, no entendemos sus razonamientos, somos incapaces de sentir como él. Intentamos convencerlo de que recupere la alegría o, al menos, de que esté dispuesto a vivir con esa pena a cuestas, como hacemos los demás, solo para conformarnos un poco:

 "Lo que me gusta de ti es ese algo irremplazable. La vida que hay en ti".

Si esa técnica no funciona le reprochamos:
"Haces apología de la sombra porque el sol te hace daño"



 
 
Él se defiende, explicando cómo se alienaron sus manos, cómo se separaron de él. Sus terminaciones nerviosas se atrofiaron y no hay nada que hacer: ya nunca más podrá tocar a alguien. No podrá llegar a nadie. Se transformará para siempre en un mero testigo, un observador. Padecerá como cualquier otro, pero no podrá llegar a los demás.

"Me hubiese gustado ser amado" dice. Y yo sé secretamente que más le gustaría poder amar. Su esposa está muy lejos y ya ni siquiera se hablan. Una amante solo confirma sus sospechas: su esencia única es intransferible. Se da cuenta de que no solo no puede tocar a los demás: los demás tampoco pueden tocarlo a él. Finalmente, todo es una farsa. Creemos vivir y estamos muertos.

Cuarenta y ocho horas lo separan del abismo. Álain lo sabe: los demás creemos que no sabe lo que dice, que no tendrá el coraje para cerrar para siempre el libro, para disparar el gatillo, para disipar la niebla. Algunos de sus amigos han muerto: suerte para ellos. Álain se aburre enormemente: le gustaría ser joven y recuperar la ilusión por vivir, creer en algo, disfrutar del sexo, pero todo eso quedó atrás. Su espíritu está demasiado viejo para vivir. Sus amigos son insustanciales: todo lo insustacial que puede ser un amigo para alguien que no puede amar. No lo aprecian de verdad, son banales. Su familia no existe. Sin esposa, ni hijos, ni un trabajo...herido de muerte por el alcoholismo, se fuma las horas en el sanatorio u observando a la gente pasar o en cafeterías. Esta vida no tiene sentido alguno: todo ha terminado.


Nosotros ya sabemos el fin de esta historia. Sabemos el fin de la historia antes siquiera de empezarla. Sabemos en qué acabará la rosa: su perfume marchito envolverá los grises pétalos caídos. Su lugar será la basura. Del lugar preminente que ocupa en nuestro pecho a la profundidad de la inmundicia y de las sombras. Lo que un día fue luz y belleza el viento lo apagará sin miramientos.

El problema de Álain no es la incertidumbre del mañana sino su contrario, la certitud. Es a eso a lo que le teme: a ver cumplidas sus monótonas predicciones. Por eso prefiere hundirse en su cama y, a primera hora de la mañana decir, al fin, adieu.

"La vida...conmigo no transcurre lo bastante deprisa, así que la acelero, la corrijo. Mañana me mato".

viernes, 12 de junio de 2015

"Perhaps one should never put one's worship into words"

La relectura siempre es un ejercicio no exento de pocos placeres. Muchos de los que leen estas líneas concordarán conmigo y muchos otros pensarán de mí que soy una hipócrita. Pero tal vez esta apreciación sea demasiado liviana y cuando menos, precipitada. Porque me estoy refiriendo a la relectura que se hace por placer. Únicamente a ésta. No estoy hablando de ninguna lectura o relectura que se haga por obligación o con algún fin colateral. No es éste el caso (afortunadamente).
Dice Oscar Wilde que "Un artista es aquel capaz de crear cosas bellas", pues bien, él mismo lo era y llevaba este principio como un estandarte, por encima de las demás cosas.
No somos pocos los que, artistas o miembros del grupo "del común de los mortales" disfrutamos del arte que lleva a su máxima expresión el principio primordial de la belleza. "La critica -dice Wilde- es quien puede traducir de otra forma o en otro material, su impresión de las cosas bellas". Y teniendo como punto de partida estas palabras procederemos a comentar laxamente -como hacemos siempre- y por el mero placer de hacerlo, su obra trascendental The picture of Dorian Gray.
"The studio was filled with the rich odour of roses, and when the light summer wind stirred amidst the trees of the garden, there came through the open door the heavy scent of the lilac, or the more delicate perfume of the pink-flowering thorn."
Así comienza nuestra novela, y no es fortuita esta descripción que se extiende hermosamente a lo largo de las primeras páginas y les da color, situando además los acontecimientos en el resto de capítulos. Es como si detrás de toda la trama, detrás de las idas y venidas de Dorian y de sus frívolos amigos, se desplegase un decorado hermoso y sutil, algo así como una inmensa pintura de Aagaard, por ejemplo, omnipresente. Al mismo tiempo, contemplando las pinceladas que se proyectan en el fondo de la escena, parecemos oír ecos de músicas lejanas, rebosantes de placeres mundanos, puramente sensoriales, mezcladas con el viento.

La influencia de Lord Henry
Antes de que Dorian se transformara en un monstruo, era un joven tímido e inocente. Los consejos y ejemplos de su amigo Lord Henry resultaron ruinosos para un joven huérfano (curiosamente, L. H. afirma que no existen las buenas influencias, sino que toda influencia es inmoral):
"Yes, he was certainly wonderfully handsome, with his finely-curved scarlet lips, his frank blue eyes, his crisp gold hair. There was something in his face that made one trust him at once. All the candour of youth was there, as well as all youth's passionate purity. One felt that he had kept himself unspotted from the world".
El ideal de vida que le propone L. H. a Dorian es aquel que olvida el medievalismo y retorna al ideal helenista. Así se lo explica al joven Dorian :
"The only way to get rid of a temptation is to yield to it. Resist it, and your soul grows sick with desire for what its monstrous laws have made monstrous and unlawful".
Por desgracia para el joven Dorian, no fue una buena idea tomárselo tan a pecho. De hecho, en el transcurso de la novela vemos como el protagonista se va rindiendo a esos placeres mundanos y aunque parece que su cuerpo físico resiste incólumne, inmaculado, nosotros, los lectores, sabemos que no es así, sabemos que es el retrato que Basil pintó quien en verdad refleja los cambios que producen los desenfrenos y los vicios.
La adoración de los sentidos, a menudo y con mucho juicio, había sido condenada, los hombres sentían una repulsión natural hacia las pasiones y sensaciones que parecían más fuertes que sí mismos, pero a Dorian le parecía, en cambio, que la verdadera naturaleza de los sentidos nunca había sido bien entendida y que ésta permanecía salvaje simplemente porque el mundo había buscado matarla de hambre por sumisión o por pena.
¿En qué estaría pensando Dorian, para creérse por encima de las obligaciones morales a las que todos nos sometemos diariamente en virtud de la razón y de la concordia? Pues tal vez se dejó llevar por las divagaciones filosóficas a las que lo tenía acostumbrado, L. H.:
"No, you don't feel it now. Some day, when your are old and wrinkled and ugly, when thought has seared your forehead with its lines, and passion branded your lips with its hideous fires, you will feel it, you will feel it terribly. Now, wherever you go, you charm the world. Will it always be so?... You have a wonderfully beautiful face, Mr. Gray. Don't frown. You have. And Beauty is a form of Genius -is higher, indeed, than Genius, as it needs no explanation. It is of the great facts of the world, like sunlight, or spring-time, or the reflection in dark waters of that silver shell we call the moon. It cannot be questioned."
A medida que avanza la trama L. H. continúa machacando al pobre de Dorian con la misma cantinela, hasta el punto de arrancarle estas palabras en su incipiente (y efímero) idilio amoroso con Sibyl Vane: "The search of beauty being the real secret of life" o "(...) but that beauty, mere beauty, could fill your eyes with tears".
A pesar de todo esto, L. H., como personaje novelesco no deja de caernos simpático gracias a ocurrencias como las que siguen: "There are many things that we would throw away if we were not afraid that others might pick them up" o
"Our weakest motives were those of whose nature we were conscious. It often happened that when we thought we were experimenting on others we were really experimenting on ourselves."
Su hedonismo queda patente desde las  primeras páginas, pero por si algún lector se encontraba distraído o no se hubo percatado bien, he aquí otra cita para disipar todas las dudas: "Pleasure is Nature's test, her sign of approval. When we are happy we are always good, but when we are good we are not always happy". Yo me atrevería a decir que, independientemente de si somos buenos o no, de si cometemos buenas acciones o no, siempre podemos ser, al margen de esas acciones, felices o infelices. Esto no es una regla de tres, mi querido Harry. Los seres humanos somos tan complejos que sacar una conclusión tal sería, hoy por hoy, demasiado ingenuo.
Finalmente L. H. escribe un libro banal que termina por darle forma a la identificación, entonces en ciernes, del desgraciado Dorian, que se apropia de ese libro como si se tratase de un reflejo de sí mismo:
"The whole book seemed to him to contain the story of his own life, written before he had lived it".
"One hardly knew at times wheteher one was reading the spiritual ecstasis of some medieval saint or the morbid confessions of a modern sinner. It was a poisonous book. The heavy odour of incense seemed to cling about its pages and to trouble the brain. The mere cadence of the sentences, the subtle monotony of their music, so full as it was of complex refrains and movements elaborately repeated, produced in the mind of the lad, as he passed from chapter to chapter, a form of reverie, a malady of dreaming, that made him unconscious of the falling day and creeping shadows."
 
Anticipaciones
A lo largo y ancho de una novela bien pensada y elaborada suelen encontrarse anticipaciones que nos van dando pistas sobre el desenlace de la misma.
"Behind every exquisite thing that existed, there was something tragic".
Lo que ocurrirá con Sibyl Vane (cuyo nombre también es una anticipación en sí misma, puesto que se pronuncia igual que "vain") lo enuncia Dorian así: "When you see Sibyl Vane you will feel that the man who could wrong her would be a beast, a beast without a heart". Él mismo lo ha dicho "una bestia sin corazón".
El crimen se anticipa también (que nadie reclame si le he chafado la fiesta). Dice Dorian:
"Yes, Harry, I believe that is true. I cannot help telling you things. You have a curious influence over me. If I ever did a crime, I would come and confess it to you. You would understand me".
En mala hora enunció Harry estas palabras: "You will always like me, Dorian (...) I represent to you all the sins you have never had the courage to commit." Mejor habría sido tragarse las palabras.
El arte
Otro tema recurrente es la belleza que emana de las producciones artísticas, tema muy concurrido a lo largo de la historia de la humanidad, pero no por eso menos interesante desde el punto de vista literario decimonónico. El arte para L. H.  solo puede obtenerse con mayúsculas si se sacrifica la propia vida. La vida cotidiana del gran artista es aburrida y nada poética. Aquellos que escriben la belleza son quienes no pueden experimentarla en la propia existencia:
"Good artists exist simply in what they make, and consequently are perfectly unintersting in what they are. A great poet, a really great poet, is the most unpoetical of all creatures. But inferior poets are absolutely fascinating. The worse their rhymes are, the more picturesque they look. The mere fact of having published a book of second-rate sonnets makes a man quite irresistible. He lives the poetry that he cannot write. The others write the poetry that they dare not realize".
Así, casi al final de la novela, Harry le agradece a Dorian que nunca haya hecho nada, ni esculpir una estatua, o pintar un cuadro, o producir algo fuera de sí mismo: "Life has been your art. You have set yourself to music. Your days are your sonnets."
 
El matrimonio y el amor
El matrimonio tal vez esté sobrevalorado:
"I never approve, or disapprove, of anything now. It is an absurd attitude to take towards life. We are not sent into the world to air our moral prejudices. I never take any notice of what common peaple say, and I never interfere with what charming people do. If a personality fascinates me, whatever mode of expression that personality selects is absolutely delightful to me. Dorian Gray falls in love with a beautiful girl who acts Juliet, and proposes to marry her. Why not if he wedded Messalina he would be none the less interesting. You know I am not a champion of marriage. The real drawback to marriage is that it makes one unselfish. and unselfish people are colourless. They lack individuality. Still, there are certain temperaments that marriage makes more complex. They regain ther egotism, and add to it many other egos."
Y cuando se acaba el amor, queda algo peor que el odio, el desdén: "There is always something ridiculous about the emotions of people whom one has ceased to love."
Y si no es amor, ¿qué es lo que se deduce de las emotivas palabras de despedida de Basil?: "You have been the one person in my life who has really influenced my art. Whatever I have done that is good, I owe to you".
Hay un intercambio extraño entre la obra y la realidad que representa. Así, Dorian pasa a representar la imperturbable belleza de la obra del artista y es, por ende, el único, por decirlo de alguna manera "autorizado", para acabar con su creador.
Desde el principio, su amistad estuvo entintada con colores de primavera: "There seemed, to him to be something tragic in a friendship so coloured by romance".
 
Revisando el sexismo
Se me puede criticar que haga esto y se me puede criticar desde muy variopintos puntos de vista. Pero no puedo pasar por alto algo tan evidente y a la vez importante y actual como es el sexismo. Hay muchas citas que podría enumerar relacionadas con la consideración de la mujer a través de la novela a la que intentamos acercarnos, sin embargo, me es imposible (y además sería un arduo y anecdótico trabajo, por lo menos en este contexto) y no lo haré. Vamos, que para variar, no seré exhaustiva, porque ese defecto mejor se lo dejo a otros seres más aplicados que yo. Y lo haré así y me quedaré "tan ancha" citando a Wilde cuando dice en boca de su, siempre encantador, personaje, L.H.: "One should absorb the color of life, but on should never remember its details. Details are always vulgar".
Así pues, y para ilustrar lo que digo sin más dilación citamos otra vez a Harry que,como era de esperar, es el personaje que más cosas significativas enuncia sobre todo tipo de temáticas:
"My dear boy, no woman is a genius. Women are a decorative sex. They never have anything to say, but they say it charmingly. Women represent the triumph of matter over mind, just as men represent the triumph of mind over morals."
"When a woman marries again it is because she detested her first husband. When a man marris again, it is because he adored his first wife. Women try their luck; men risk theirs."
Y dicho esto, pasaré a aclarar algo significativo para mi: quiero dejar muy en claro que no pretendo criticar estos pensamientos, sino solo ilustrarlos. Y que ahora cada quien piense lo que quiera, que si soy una persona extremista y esas cosas. Pues no. Nada más alejado de la realidad. Pero no ser exhaustiva no significa necesariamente que no se pueda ser rigurosa y si esta entrada va de lo que me resultó llamativo, no incluir esta cita sí que sería ser una hipócrita y significaría falsearme a mí misma en un contexto en el que no gano nada (ni pierdo).
 
Un "Deus ex machina" como un castillo
Una de las situaciones más interesantes de la novela, se da cuando Dorian tiene que deshacerse del cadáver de Basil y para ello tiene que contar con la inestimable ayuda de Alan Campbell, un antiguo amigo del que se había distanciado hacía tiempo. Allan está lo suficientemente enfadado con Dorian por cuestiones del pasado como para hacerle el no pequeño favor de deshacerse de un cadáver. A pesar de que Dorian le suplica encarecidamente y hasta le confiesa que es él quien lo ha matado, Allan no se deja convencer: no es lo suficientemente tonto como para caer en eso. Si Wilde hubiera conseguido que Allan se convenciese, sería demasiado poco creíble. ¿Cómo resolver, entonces, la narración en este punto? Pongamos atención a la solución que nos presenta el autor:
"I am so sorry for you, Allan" he murmured, "but you leave me no alternative. I have a letter written already. Here it is. You see the addresss. If you don't help me, I must send it. If you don't help me, I will send it. You know what the result will be. But you are going to help me. It is impossible for you to refuse now. I tried to spare you. You will do me the justice to admit that. You were stern, harsh, offensive. You treated me as no man has ever dared to treat me -no living man, at any rate. I bore it all. Now it is for me to dictate terms."
Sí, efectivamente. Ésa misma cara se me quedó a mi. Resolución atrevida y que no daña la verosimilitud de ficción.
 
Determinismo y libertad
La libertad, como todo, son meras apariencias, velos que se escurren en el río imbatible del tiempo:
"There are moments, psychologists tell us, when the passion for sin, or for what the world calls sin, so dominates a nature that every fibre of the body, as every cell of the brain, seems to be instinct with fearful impulses. Men and women at such moments lose the freedom of their will. They move to their terrible end as automatons move."
La felicidad de las pequeñas cosas
Y así, llegando al final, nos despedimos sabiendo del valor inmutable que tienen las pequeñas cosas (incluyendo este textito de nada):
"But a chance tone of colour in a room or a morning sky, a particular perfume that you once loved and that brings subtle memorie with it, a line from a  forgotten poem that you had come across again, a cadence from a piece of music that you had ceased to play- I tell you, Dorian, that it is on things like these that our lives depend."
Y dicho esto, prometo dejar dormir a mi bonito titulo, al cual ya he desdecido bastante, hasta que otros labios lo vuelvan a resucitar.
 

domingo, 31 de mayo de 2015

Un cajón de sastre perturbador

¿Qué es lo que busco cuando decido ir a una exposición de arte?
 
Busco llenar el vacío que la ausencia de placer estético en el día a día promueve; busco encontrar elementos y conceptos que vibren en la misma longitud de onda que mi indisciplinado espíritu; experiencias que sitúen irremediablemente al alma frente a la belleza que desprenden otras almas y que me confronten con ella, que revolucionen mis sentimientos y que otorguen un nuevo sentido a aquello que me rodea y a mi forma de percibir esa realidad.

Una amiga me recomendó la exposición que me ha suscitado tantas preguntas, y sobre todo que ha echo temblar los tan seguros cimientos de la conciencia. Me dijo que me gustaría, pero hoy por hoy no podría decir que me ha gustado. Me ha violentado, ha sacudido las sólidas vigas de la coherencia. Intentaré explicarlo, aunque desde ya os digo que me parece una tarea casi imposible. Sí: intentar explicar con palabras algunos sentimientos es una forma de aniquilarlos.  Es mejor dejarlos ser y dejarlos vivir hasta que se agoten y entonces, darnos cuenta de que han pasado como todos los seres pasan por esta dimensión: sin dejar apenas huella. Y eso es lo que pretendo hacer, incluso con estas insignificantes palabras.


La exposición a la que me refiero es la que ofrece hasta el día 28 de junio de 2015 la Fundación Juan March (Castelló 77, Madrid) "El gusto moderno art decó en París 1910-1935". En ella se pueden apreciar toda suerte de elementos: dibujos, pinturas, muebles, vestidos, perfumes, jarrones, fotografías, libros, carteles, joyas, zapatos, maquetas... ¡hasta un automóvil! y se dan cita ciento y pico artistas (la cifra exacta es irrelevante, lo importante del asunto es quedarse con la idea de que son "muchos" artistas diferentes de aún más dispares disciplinas). Esta idea es importante tenerla en mente antes de acudir al recinto porque es un factor desestabilizador adicional a los que más adelante mencionaré(*). ¿Que por qué es desestabilizador? Porque no tiene unidad y la coherencia, aunque argumentada en las explicaciones del folleto, es escasa. Intentaré explicarlo a través de sugestiones: imaginemos una sala muy grande y ordenada con objetos que no tienen relación entre sí en cuanto a colores, materiales o conceptos. Esto nos produciría una extrañeza causada por el gran contraste entre la sala "ordenada" y los elementos dispares que materializan conceptos "desordenados" que, por lo tanto, no encajan entre sí. Esto mismo es lo que he sentido cuando estaba dentro de la sala de exposiciones: fue como si estuviera expuesta yo misma en medio de un cúmulo de entrañas de distintos animales, una suerte de cajón de sastre hermoso y desafortunado, perturbador y disruptivo.
Es difícil explicar lo que he sentido y a la vez ser coherente con las palabras ya dichas en los primeros párrafos y he de enmendar esa incoherencia ahora mismo: lo que busco a través de estas palabras es justamente eso, aniquilar esos sentimientos y así por fin, liberarme.

Además de la diversidad de artistas y de disciplinas, así como de elementos expuestos, estos elementos unen conceptos extraños que si bien nos permitimos apreciar en salas de exposición de "Arte" propiamente dicho, y nos deleitamos con ellos, no así cuando los vemos inmiscuidos en el terreno seguro de la cotidianeidad. La trivialidad nos da un descanso, un respiro necesario para la mente y el espíritu, nos permite equilibrar una larga vida que de otro modo sería inabordable. Los estereotipos también nos permiten caminar por los senderos de la certeza (aunque engañosa). Cuando estas seguridades se desvanecen nos volvemos vulnerables, quedamos a la deriva, expuestos, colgados, desnudos y nos volvemos parte de esa colección dispar de objetos bonitos y feos, con un pretendido orden exterior, pero sin concierto interno. Entonces es el observador observado por sí mismo, asimilado a ese conjunto amplio y narcisista, sin encaje perfecto que no deja de intentar homogeneizarse.


No voy más que a nombrar algunos elementos concretos que se muestran en vitrinas y las observaciones personales que me suscitaron gran parte de ellos (visiones extrañas inolvidables para una mente incauta e ingenua): jarrones inútilmente grandes, sillones con asientos de piedra fría y dura o con respaldos demasiado cortos o inclinados, escritorios oscuros como el fondo abisal y poblados de peces transparentes, o mesas suspendidas en el aire, estatuas que cargan lámparas cuya luz parecen no necesitar, armarios tapizados con caras pieles de animal y al mismo tiempo de apariencia barata, consolas con patas finas de araña, muebles de madera y hierros fríos y solitarios que describen órbitas muy grandes de vacío, cerámicas que parecen albergar huevos de mosca o con figuras fálicas, fotos de personajes que no tienen que ver entre sí, dibujos de decoraciones de cruceros de lujo (en donde la mayor parte de los elementos son fútiles), portones endebles exhaustivamente decorados, pinturas de Juan Gris o Picasso, tazas de té pintadas a mano, frascos de perfume y vestidos de lentejuelas en torsos desmembrados. Estas son algunas de las cosas que me inquietaron. Estaban tejidas perversamente con el hilo de la incoherencia y bordadas con sutiles alardes de anarquía.

A pesar de todo lo dicho, no puedo decir que no me gustó y tampoco me atrevería a catalogar a todas esas cosas puestas unas con otras como por azar, casi arbitrariamente, como parte del marginado grupo de "arte decorativo" tan denostado por todos los amantes de las emociones fuertes suscitadas por el arte. No puedo catalogar la muestra como de "arte decorativo" pues una mezcla tan perversa, como de cambalache caduco, solo puede ser Arte con mayúscula y acompañado del calificativo "decadente". Quién sabe, quizás el verdadero arte solo pueda existir en la decadencia.



(* Estos factores dependerán en gran medida de la sensibilidad del observador y, al mismo tiempo, del arraigo de lo cotidiano, lleno de prejuicios y por ende, de miserables seguridades.)

 

sábado, 25 de abril de 2015

"Blood is life, Mr. Renfield"

Tras unos intentos de lectura más o menos fallidos, luego de mucho correr, de idas y venidas, aquí estoy nuevamente, decidida a no decepcionar a quienes les gusta leer mis torpes escarceos con la crítica literaria y cinematográfica.
Aquí me tienen y aunque, un poco agotada, ya con mis últimas energías, dispuesta a rememorar (luego de una dulce sobredosis) a mi admirado Béla.
No tengo muchos DVD originales en mi casa. De hecho hay muchas películas que me gustan y que no tengo ni siquiera en el ordenador. A diferencia de los libros, las películas escasean en mis estantes. Algunas veces, tengo la inmensa suerte de obtenerlas gracias a la traficante de cultura de mi barrio; otras veces, en cambio, algún ser amistoso se compadece de mí y me proporciona ocio gratis.
"Drácula" es una peli que vio todo el mundo en sus distintas versiones. Como se insinúa en los párrafos anteriores, el film de Drácula al que me refiero es aquel que se estrenó en 1931, dirigido por Tod Browning e interpretado fantásticamente por Béla Lugosi.
Su magnífica actuación nos recuerda a la que hiciera Rudolf Klein-Rogge del doctor Mabuse bajo la diestra mano de Fritz Lang: una mirada hipnótica toca a la puerta del sueño para decirnos que no podemos escapar de su encanto. 
Algunas frases son memorables, además de que, pronunciadas por la sonora voz de Béla, unida al gesto digno y misterioso no nos dejan indiferentes. La presentación del conde no puede menos que erizarnos la piel.
 
En su estupenda interpretación Béla modula su voz haciéndola suave pero no por ello menos sonora. La reacción del pobre Renfield es siempre temerosa, pero no nos extraña, y lo perdonamos. ¿Quién no temblaría de miedo ante un Drácula como éste? Yo, por lo menos, dudaría entre salir huyendo (y arriesgarme a que me devoren los lobos o "children of the night", como cariñosamente los llama su padre putativo) y seguirlo hasta la tumba. Desde luego Renfield o era algo pánfilo o le iba el rollo "sadomaso" y estaba deseando que Drácula le hincara el diente. Lo cierto es que Renfield lo sigue hasta el fin aunque ya sabemos lo que le pasa al pobre.
 El otro personaje fuerte de la de la película es el doctor Van Helsing, que aparece en la segunda parte, digámoslo así, de la película, cuando Drácula ya ha desembarcado en Londres. Van Helsing  interpretado por Edward Van Sloan encarna al hombre de ciencia extranjero que conoce la ciencia pero que no desdeña las supersticiones (entre ellas la  religión), considerando que éstas, con el tiempo, se tornan conocimiento científico.
 
El resto de personajes son más o menos interesantes, pero claro, encandila el papel de Renfield a quien da vida el actor Dwight Frye. Su risa maníaca y su mirada de lunático lo hacen pasar por loco y de ahí que lo encierren en el hospital para dementes. El pobre de Renfield no hace más que intentar agradar al señor conde para que éste le permita chupar la sangre de alimañas y pequeños insectos. Renfield, sin embargo, tiene una debilidad: Mina, la hija de doctor Seward, y por ella aconsejará a su padre que la lleve lejos de Drácula. Su verborragia le costará muy cara, como nos cuesta a todos los que hablamos mucho.
Así pues, estamos ante un film de primera categoría (a pesar de los murciélagos de plástico que oscilan de un lugar a otro por medio de unos mal disimulados hilos transparentes). Los escenarios están muy bien logrados, al estilo de los expresionistas de principios de siglo: el castillo es espeluznante (tal y como debe ser el castillo de un vampiro), la bellísima mansión del doctor y también la parte rodada en el teatro o en exteriores. Todo encaja en una historia con pocos escenarios aunque significativos, en unos ambientes más bien silenciosos y en donde priman los gestos, muy a la manera de su madre, la cinematografía muda.
Por todos los motivos que ya expliqué y por otros que no se me han ocurrido aún, prefiero, junto con la adaptación de Murnau, esta versión fílmica del, por todos conocido, adorado, amado, visto y revisto clásico de Bram Stoker.
 

domingo, 29 de marzo de 2015

Violette: la pasión exaltada

No soy muy amiga de las películas modernas, lo confieso. Incluso no soy amiga de los libros modernos. Toda novedad me subleva, me horroriza. Me parece que el tiempo pasado (en cuanto al arte se refiere) fue mejor. Sinceramente, no comprendo la raíz de esta estúpida convicción. Tal vez me lleve bien con las mentes antiguas porque son ellas las que perviven en mi ADN, mientras que todo lo "por venir" aún no me ha sido dado y mi predilección no está lista. Quizás yo sea como un ciego que no puede apreciar la pintura o un sordo que no es capaz de imaginarse la música. En cualquier caso, esta deficiencia mía hace que me cueste abrirme a lo nuevo, a lo joven, a la vanguardia.
Hace no mucho vi por "obligación" (tuve que poner a dieta mi egoísmo) una película de 2013 cuyo nombre, si bien lo recuerdo, no  voy a decir. La temática futurista no me gusta porque parece que cualquier argumento que sirva de pretexto para emplear efectos especiales a diestra y siniestra, sin ton ni son, vale. Pero quise darle una oportunidad (además de que no tenía opción) y bien, mis sospechas se vieron confirmadas (¡bendita intuición mía! ¡te escuché pero no pude hacerte caso!). La película resultó ser una verdadera bazofia: un guion malísimo, los actores -aunque de fama mundial- bastante flojos y los millonarios efectos especiales en excesivas millonarias cantidades. Una película entretenida pero, muy a mi pesar, malísima. Esta experiencia reciente me reafirmó en mi convicción estúpida ¿cómo desembarazarme de aquel prejuicio? La tarea se volvía cada vez más difícil hasta que, después de mucho insistir logré proyectar lo que la intuición, siempre certera, me empujaba a ver.
"Violette" es una magnífica película francesa dirigida por Martín Provost que retrata la vida de su homónima, Violette Leduc, famosa escritora francesa del siglo XX, hoy un tanto olvidada por la vorágine literaria. Sin embargo, este film resucita a la escritora, le da vida de la mano de la interpretación impecable de Emmanuelle Devos.
Violette es una mujer con complejo de inferioridad, enamorada siempre de imposibles, que sufre porque no la quieren. Su hambre de amor la lleva a escribir su primera novela, alentada por el hombre al que ama, quien -como casi todos sus amores- la abandona más tarde. Tras terminar su primera novela, se la entrega a Simone de Beauvoir que rápidamente descubre el talento innato de Violette y además de interceder para la publicación de su manuscrito en la editorial Gallimard, la alienta a seguir escribiendo pese a sus altibajos emocionales. Violette admira a Simone, como antaño admirara a Maurice Sachs y decide seguir sus consejos. A partir de aquí, numerosas citas y episodios amorosos, así como reflexiones feministas que todavía hoy, después de medio siglo, siguen en pie.
La escena de la librería, en la que Violette enfurece tras no encontrar ejemplar alguno de su recién editada novela.
El guion fue escrito por el mismo Provost, René de Ceccatty y Marc Abdelnour. Muchas veces nos quejamos de que el guion desmerece la calidad de la película y cuando esto ocurre, el trabajo del resto de profesionales que hacen posible la consecución exitosa de la misma, se echa a perder. Un buen vestuario o escenografía no sirven de gran cosa si el guion es un cúmulo de despropósitos. El guion es la base sobre la que se asienta esta obra también -no es una excepción- por lo que su esmerado tratamiento favorece el trabajo, asímismo meticuloso, del resto de elementos constitutivos del film.
Como no es mi intención "cargarme la película" me voy a detener aquí, y no voy a contar más. Sin embargo, sí diré que me surgieron muchas dudas y preguntas. Empaticé con la protagonista (la maestría de la interpretación logra un efecto conmovedor en cualquier ser sensible). Me pregunté por qué Simone no amaba a Violette como ella la amaba, por qué  no podían estar juntas. Mi compañero, que estaba a mi lado, como siempre está, me dio la respuesta: "Porque si hubiesen estado juntas, ella no habría escrito". Y es así como, gracias al amor frustrado de Violette, hoy podemos disfrutar no sólo de su poesía y su prosa (galardonada con el premio Goncourt por su novela "La bâtarde") sino también de esta inmejorable película.


Violette Leduc